Textos y artículos
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Este 25 de noviembre es el día de la no violencia hacia las mujeres, oportunidad en que es pertinente reflexionar acerca de otras formas de violencia que casi todas las mujeres vivieron o vivirán a la hora el parto. Tratado como una enfermedad, intervenido y arrebatado de las manos de las mujeres, quienes viven directamente este proceso lleno de vida. por Gabriela Cob
Lavativas, separación de las membranas, rompimiento de la fuente, tactos vaginales, suero con pitocín, monitoreo electrónico, piquete, fórceps, extracción manual de la placenta, cesárea, separación de la madre y su bebé. Todas estas son algunas de las formas de violencia que sufrimos las mujeres a la hora de parir. Todas esas prácticas, al convertirse en rutinarias e indiscriminadas, son peligrosas, traumáticas y, en algunos casos, mortales tanto para las mujeres como para sus bebés. Esta forma de funcionar, sistemática, sin contemplar las necesidades y condiciones específicas que requieren las mujeres se convierte en claras muestras de violencia institucional. El parto es un proceso fisiológico. Sin embargo, las prácticas modernas de su atención son consecuencia de acontecimientos históricos, sociales, culturales y políticos. Cerca del 90% de los partos no requieren intervención y sólo el 10% realmente requieren atención. Esto quiere decir que en los hospitales se le “brinda” demasiada “atención” a quien no lo necesita y se está descuidando a las mujeres y bebés que sí la necesitan ya que se intervienen todos los casos por igual y se generan complicaciones a los partos naturales y normales que ocupan la atención del personal médico. En Costa Rica hay más de 85.000 nacimientos al año. La mayoría son intervenidos con prácticas rutinarias que, lejos de propiciar condiciones más agradables para este momento fundamental de la vida humana, buscan cumplir con promedios de tiempo, control y desnaturalizan el proceso. Estas prácticas han impactado negativamente la salud física y mental tanto de las mujeres como de sus bebés. El 24% de los nacimientos en los hospitales son por cesárea, cifra que contradice las recomendados y sugerencias de la OMS que indican un máximo de 10%. Según estudios realizados en América Latina los porcentajes en las clínicas privadas aumentan desproporcionadamente llegando, incluso, en algunas clínicas hasta el 90%. Es evidente la relación entre cesáreas y partos naturales con la ganancia económica de las clínicas privadas: una cesárea es más cara (intervención quirúrgica) que un parto natural, y mientras más se hagan más lucran. “Por primera vez en la historia los partos son tratados como emergencias médicas y están aplicando tecnologías a todas las mujeres que hay sido probadas por investigaciones científicas como peligrosas” aseguró Marie Tyndall, partera y antropóloga de origen canadiense que habita y trabaja en Costa Rica. “La hospitalización del parto no fue fácil, las mujeres no querían salir de su ambiente, ir a un lugar extraño con personas y equipamiento extraño” continuó. Hoy muchas mujeres jóvenes dicen: “pobre abuelita, tuvo sus partos en la casa”. Esta afirmación es producto de casi un siglo de propaganda y tergiversación de la realidad por parte de la industria médica que han hecho creer a la población que el parto en ambientes más agradables, propios y conocidos es signo de pobreza e ignorancia. En otros tiempos el parto era un momento sagrado, un ritual, lo efectuaban la misma mujer que paría y alguna que le ayudaba (su hermana, su madre, su abuela o la partera del clan). Era celebrado por toda la comunidad y no era visto como una enfermedad. Incluso se representaba por medio de estatuillas que deidificaban este importante proceso de entrada a la vida y transformación de la mujer. También habían partos que no eran exitosos y que en algunos casos la vida del bebé o de la madre se ponían en riesgo, pero esto era visto como parte de la vida. En la actualidad este momento no se valora, se pretende controlar cada vez más por la medicina y su industria y se preparan a las mujeres inculcándoles, primero, miedo y temor y luego la seguridad de que en el hospital todo estará atendido. En los cursos de “parto psicoprofiláctico”, se inculca la idea de que si algo sale mal en el parto es culpa nuestra, de las mujeres, por no haber respirado, por pujar cuando no se debe; jamás vinculan el resultado del parto con el tratamiento que se les da en los hospitales. “Desde que una pone un pie en el hospital comienza el maltrato. Muchas de las mujeres sentimos como si no hubiese otra opción, que la única posibilidad es ir al hospital a que nos maltraten, nos humillen. Puedes tener suerte si el personal está de buen humor, pero si hay muchos partos para ese día y están de malas, o hay partido de fútbol...”. Esta es una de las opiniones generalizadas desde las usuarias del sistema hospitalario. La manera en que se vive la experiencia del parto puede tener un sinnúmero de repercusiones que influyen en la existencia de todas las personas. Según especialistas en el tema, como el doctor Michel Odent, el parto es un proceso fisiológico donde entran en juego varios procesos biológicos y químicos. Esto lo compartimos con otros mamíferos (las hembras, en todas las especies, buscan lugares que conocen, oscuros, pequeños y cálidos para dar a luz), por esto el transcurso del parto es muy espontáneo, es un acto privado, hay un equilibrio hormonal que permiten las contracciones, la dilatación, la expulsión, el manejo del dolor y el amamantamiento. Si este proceso es interrumpido o intervenido, lógicamente las mujeres no pueden parir natural ni normalmente. “Uno de las tareas que tenemos las mujeres y profesionales de la salud concientes de todo esto es hacer conciencia en las futuras madres que ellas tienen derechos a la hora de ingresar a la sala de partos. Si en los hospitales de nuestro país aplicaran las recomendaciones elaboradas por la OMS hace 15 años, sería un gran paso hacia un parto más humanizado” aclaró Nidia Lobo enfermera obstetra del hospital San Juan de Dios, en San José. Según Marie Tyndall, “hay un incremento en la dependencia a la tecnología y ha disminuido la confianza innata de las mujeres para dar a luz sin intervención. La alta tasa de complicaciones e intervenciones en los partos en Costa Rica , no es resultado del fracaso de las mujeres, sino que es por la escasez de ambientes apropiados para parir; las mujeres no están fallando es el hospital que no nos ofrece un rincón seguro y protegido para el nacimiento, para humanizar el parto y darle una bienvenida más cálida a los y las bebés”. Las mujeres vivimos muchas formas de violencia, en la casa, en la calle, el lugar de estudio o trabajo y esta, la hospitalaria, es una poco mencionada pero que la sufren cada una (con raras excepciones) de las mujeres que han parido al menos una vez. Es importante evidenciar y denunciar estas formas de violencia institucionalizada y ya casi tan aceptada a nivel social y disfrazada de “procedimiento hospitalario”. Mayela Rodríguez, periodista y activista por la humanización del parto señaló que “este tipo de violencia ha afectado a muchas mujeres, tanto de mujeres que estaban por parir, mujeres pariendo, mujeres recién paridas como a las parteras que fueron desplazadas de su función, perseguidas y alejadas de su lugar que acompañaba a las mujeres”. En Costa Rica ya hay gente trabajando para ofrecer alternativas a la hospitalización del parto. Existe un gran número de mujeres que eligen el parto en casa, parto en el agua u otras alternativas a la traumática experiencia hospitalaria. Conocer, apoyar y fomentar estas experiencias son parte de los propósitos de la Comisión de partos, un grupo de mujeres (enfermeras, psicólogas, periodistas, parteras y antropólogas) que profundiza, investiga y desarrolla actividades respecto de este tema. Los hospitales los necesitamos para las enfermedades y para las complicaciones
del parto, llegará el momento en que entenderemos que el embarazo
no es una enfermedad y no se puede tratar al parto como si fuera una emergencia
médica. Nuestras nietas y bisnietas, cuando hablen de los partos,
van a decir: “pobre abuelita, iba al hospital a atender sus partos”, todo
volverá a ser natural.
Algunas de las recomendaciones de la OMS:
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