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El caso del pitocín por Gabriela Cob y Marie Tyndall
En los hospitales se pretende que las mujeres “tengan” su parto lo más rápido posible aplicando pitocín (droga que imita a la hormona natural oxitocina). El resultado de su utilización es un parto más doloroso, violento y, claro, más rápido. La aplicación de pitocín como una rutina ha convertido al parto y al nacimiento en patologías y emergencias con más intervenciones médicas de las que un parto normal y natural requiere. La oxitocina es una hormona natural almacenada y secretada en diversas cantidades por la glándula pituitaria posterior. Su función hace que el útero tenga contracciones y colabora, así, con el proceso del parto. Esta hormona es generada naturalmente por la madre durante los labores y está vinculada, además, con las sensaciones placenteras: en los estímulos sexuales, en la lactancia y en la formación del vínculo madre-bebé. La utilización de la potente droga, llamada pitocin, que emula a la oxitocina tiene la intención de imitar a la hormona natural e inunda los sitios receptores de oxitocina natural con niveles altos y anormales. De esta manera inhibe la producción y recepción normal de la hormona. Todo esto se hace con la intención de acelerar el parto, sin tomar en cuenta el proceso natural. Actualmente, las normas de la CCSS para el parto normal no cuentan con indicaciones para las administración de la droga, lo cual permite su uso indiscriminado en todos los partos normales. En los hospitales de Costa Rica se aplica pitocín junto con un suero intravenoso en la gran mayoría de partos normales que no requieren la droga sino mejores condiciones para que la mujer pueda entregarse a las sensaciones del parto y que este proceso fluya en una manera saludable. Según la institución médica el cuerpo funciona como una máquina a la que se le debe aplicar medicamentos para que funcione mejor, más rápido y eficiente. Esto está vinculado con las rutinas hospitalarias: si la mujer lleva su propio ritmo se le deben aplicar intervenciones para que no se salga de los límites que la institución le ha otorgado. Por eso el pitocín es tan usado en los hospitales. Tiene como función otorgada acelerar el proceso para que nadie se pase más del tiempo estipulado de manera regular. Las mujeres que han parido (dentro o fuera de los hospitales) saben que el proceso puede durar de dos horas a dos días. Hoy se pretenden que un parto no tarde más de doce horas desde su admisión al hospital. Mientras el proceso sea saludable, sin complicaciones, se debe dejar fluir naturalmente y que sea el cuerpo de la madre la que administre y “aplique” su propia oxitocina cuando la necesite. Las mujeres necesitamos tener control sobre nuestros cuerpos y lograr que nuestros sentimientos, necesidades y deseos sean respetados en todo momento. El protagonismo de las mujeres y sus bebés en el proceso del
parto tendría un impacto positivo impresionante sobre el éxito
del parto y el nacimiento, y bajaría el uso de pitocín.
Riesgos por su utilización: Produce dolor excesivo. Esto refuerza los miedos y la idea de que los dolores del parto son insoportables y que las mujeres no son capaces de parir sin intervención médica. Genera alta tasa de cesáreas. Su uso es una de las principales causas de cesáreas en Costa Rica, por dos razones: provoca sufrimiento fetal y el dolor extremo crea una situación de gran agotamiento en las mujeres que terminan agradeciendo la intervención quirúrgica. Aumenta el riesgo de una hemorragia postparto. Con el uso prolongado de pitocín el cuerpo no produce su propia oxitocina y se agota, lo que dificulta su capacidad para recuperarse de posibles lesiones que pueden causar hemorragias. Promueve la utilización del monitoreo electrónico. En la labor inducida y acelerada con pitocín existe más riesgo de que su bebé sufra un ataque; por tal causa, es necesario monitorear la labor cuidadosamente. Esto implica que la mujer tenga que permanecer acostada con el monitoreo electrónico alrededor de la panza y se sabe que la falta de movilidad es uno de los factores que hacen más lenta y complican la labor de parto. Algunas mujeres son hipersensibles al pitocín. Se debe vigilar permanentemente de manera cuidadosa y responsable las reacciones que se generan en la mujer. Puede suceder que los efectos del pitocín se den inmediatamente o hasta 40 minutos después, de tal modo que si las dosis se van aumentando al no verse resultados en el corto plazo, existe un gran riesgo de sobredosificación y puede causar contracción excesiva del útero y, en algunas ocasiones, ruptura del mismo. Provoca sufrimiento fetal y, en ciertos casos, daño cerebral o muerte. La fuerza extraordinaria y la duración de las contracciones provocadas artificialmente le restan tiempo al bebé para su recuperación y reabastecimiento de oxigeno. Algunos estudios indican que reducir los niveles de oxígeno en el cerebro de un bebé puede tener efectos a largo plazo; estos efectos pueden estar ocultos o no ser evidentes en las muestras sanguíneas que se toman del cordón umbilical, después del nacimiento. Predisposición a la ictericia. Se ha observado en algunas investigaciones que la exposición a cualquier medicamento puede afectar el trabajo del hígado del bebé y, por lo tanto, traerle complicaciones. El pitocín puede inhibir el descenso de la leche materna. Las dificultades en el inicio de la lactancia son una causa importante de que, en algunos casos, las madres la abandonen y opten por la leche artificial. Puede generar dependencia. Es posible que la utilización del
pitocín genere una dependencia que provocaría que en partos
futuros la labor no se produzca espontáneamente al haberse inhibido
la generación de oxitocina natural y deba ser inducida con más
pitocín.
Alternativas al uso de pitocín: Bailar, caminar, mover sus caderas o tener placer sexual en las etapas tempranas del parto (cuando empiezan las contracciones) estimula la secreción de la oxitocina natural. Crear un ambiente agradable, cálido, tranquilo donde la mujer pueda tomar decisiones y llevar su propio ritmo en el proceso del parto. La libertad de movimiento facilita el proceso del parto. Elegir la o las posiciones para sentirse más cómoda en el proceso del parto (verticales, sentadas, cuclillas, acostada, caminando) provoca la liberación de oxitocina natural. La presión de la cabeza del bebé durante el descenso por el canal del parto sobre el cuello uterino y el estiramiento de la vagina y los músculos del suelo pélvico estimulan los receptores de oxitocina. Comer y tomar líquidos durante el trabajo del parto mantiene a la mujer con la energía necesaria para producir oxitocina y dar a luz saludablemente. Tomar duchas calientitas y baños en agua estimulan la producción de oxitocina. Sentirse protegida y relajada estimula la oxitocina. Algunas necesidades
fundamentales para sentirse así son: luces bajas, música
o sonidos suaves, estar acompañada por personas elegidas por la
mujer, privacidad, espacios acogedores, actitudes amorosas, ropa adecuada,
no hacer tactos vaginales rutinarios, respeto y algunas veces estar sola
para poder concentrarse y sentir y vivir las sensaciones del parto.
Según el reglamento de salud vigente usted tiene derecho a información
completa y precisa sobre todos los tratamientos y procedimientos que se
le pretendan aplicar a usted y a su bebé y a tomar la decisión
que más crea conveniente.
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