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28 de mayo Día Internacional  
de Acción por la Salud de las Mujeres
Humanización del parto  
 
Cuando llegué al Hospital, no entendí muy bien por qué las mujeres que vamos a parir debemos entrar por la Sala de Emergencias. Una va tan feliz a tener a su bebé y ahí hay un montón de personas enfermas, algunas con padecimientos graves, que llegan internarse. Me dio un poco de miedo que me contagiaran –a mí o a mi bebé-, porque una va a tener su bebé, tierno y chiquitito.  

Me tuve que quitar todo lo que llevaba, hasta mis calzones; quedé apenas con la batilla que me dieron. Luego la lavativa, ¡Qué horrible! A mí nunca me habían puesto eso; dicen que es para que una no se vaya a “hacer” mientras está teniendo al bebé, pero a mí no me gustó ni me preguntaron si estaba de acuerdo. Nada más “póngase de medio lado, aguante” y punto.  

Después empiezan con los tactos. A cada ratito llegan a hacerlos y eso duele mucho. Cuando una está con las contracciones no quiere que le estén metiendo los dedos. Claro, a veces una quiere saber si está avanzando, pero creo que a mí me hicieron demasiados demasiadas personas. Si todo sigue avanzando ¡que dicha! Porque si no, le ponen el pitocin que dicen que acelera que duele más, y  hasta es peligroso para el bebé. 

Cuando llega el momento y sentís que ya viene, si una es primeriza siempre dicen que todavía no, que todavía falta. Luego, cuando se dan cuenta y te dicen que sí viene, te llevan a otro lado, a la “sala de expulsión”. ¿Qué feo nombre, verdad?, como si fuera a expulsar cualquier cosa y no se tratara del bebito que has cargado por tanto tiempo y ya estás desesperada por conocer. Aquí viene la peor parte: hay que subirse en una camilla altísima, que tiene unos estribos para subir las piernas; quedás totalmente acostada, con las piernas para arriba, abiertas y sin poder moverte. 

Todos los que participan en el parto con mascarillas, haciendo barra: “puje, respire, puje, respire”. Yo sentía que así no podía, que quería estar en otra posición, pero no me dejaron. Les rogaba, les decía que así no iba a poder, por más esfuerzo que hacía (y yo sé que el bebé también), hasta que me hicieron un piquete del tamaño de la catedral y sacaron a mi bebé. Me lo pusieron un ratito sobre mí, pero rapidito se lo llevaron. No me dieron chance de vernos a lo ojos, y sentirlo y verla todo, de abrazarlo y tranquilizarlo, porque tenían que limpiarlo y a mi sacarme la placenta y coserme el piquete.  
 
 

Esta mujer no fue víctima de toda la cascada de intervenciones que puede recibir cuando entra por la puerta de emergencias de un hospital. Es apenas una experiencia (considerada como un parto “normal” o “natural”) de entre miles de mujeres que a diario van a parir a nuestros hospitales, llenas de ilusión. Sin embargo, el parto y el nacimiento pueden ser diferentes, un hecho satisfactorio para madre y bebé; seguro, sano y agradable. El problema es que no lo sabemos. 

Las madres salen del hospital con una gran insatisfacción y deseos de no volver a poner un pie en el hospital, porque se sienten maltratadas y abusadas por las rutinas o procedimientos casi carcelarios en los partos. Las intervenciones realizadas en el caso antes mencionado no tienen ningún respaldo científico;  por el contrario, múltiples organizaciones y agencias internacionales que han investigado a fondo estas prácticas han demostrado que pueden ser traumáticas e incluso peligrosas para las mujeres y sus bebés. 

Algunas mujeres pueden tener mejores grados de satisfacción; tienen condiciones especiales, no tuvieron que vivir las situaciones de la mayoría de mujeres o se sintieron acompañadas y apoyadas en la experiencia; eso facilitó e hizo más llevadero el parto en el hospital. 

Es necesario conocer nuestros derechos y luchar porque nuestras vidas y las de los y las bebés sean respetadas. Debemos velar por la calidad de los servicios de salud: no sólo contar con infraestructura, personal, equipos, instrumentos y medicinas para realizar intervenciones en los partos, sino, y sobretodo, que exista mayor sensibilidad por apoyar a las mujeres en tan importante proceso, dejar que fluya normalmente el parto, dar atención concreta a las necesidades específicas de cada mujer y dejar que ella protagonice su propio proceso en un ambiente tranquilo y cálido junto con las personas que ella quiera a su alrededor. Esas son algunas de las recomendaciones que han hecho diversos organismos y profesionales en la atención del parto (OMS, CLAP, Sheila Kitzinger, Michel Odent, Caldeyro-Barcia, Henci Goer) y los movimientos de humanización del parto que cada vez surgen con mayor fuerza en todo el mundo. La mayoría de las intervenciones que se practican rutinariamente en los hospitales de nuestro país carecen de respaldo científico. Es necesario conocer esas prácticas y exigir al personal y autoridades en salud mayor responsabilidad en la atención de los partos. 
 
 

Situaciones peligrosas

 
Los tactos
Pueden ser muy peligrosos para la protección natural de la mujer y su bebé. En primer lugar existe la posibilidad de que se rompa la fuente, y esto aumenta el riesgo de infecciones. Este procedimiento es doloroso, incómodo y humillante para las mujeres. Además, en los hospitales hay mucho personal involucrado en la atención de los partos; en consecuencia, una mujer puede recibir una cantidad exagerada de tactos del médico, la enfermera obstetra y diversos estudiantes de turno. Se cree que es la única forma de saber si el proceso está avanzando; sin embargo, es posible tener un parto sin tactos. Hay muchas otras señales importantes que muestran el avance del proceso, por ejemplo cómo se siente la mujer, su conducta, los sonidos que hace, los movimientos, sus posiciones, la frecuencia de las contracciones. 
Es importante informar a la mujer con anterioridad acerca de los tactos, cuáles son sus riesgos y sus beneficios. También es necesario señalar que durante el “control prenatal” no es necesario realizar tactos; esto causa riesgos innecesarios, como la ruptura de la fuente y sus consecuentes riesgos de infección. Lo más importante es que a la mujer le hagan un tacto cuando ella misma lo solicite; es decir debemos tener la información necesaria para poder tomar nuestras propias decisiones acerca de lo que queremos y no queremos que nos hagan. 
 
La posición acostada (litotomía) 
La mayoría de autoridades en el campo de la obstetricia (médicos, enfermeras y parteras) que se han preocupado por investigar y mejorar la atención de los partos, y muchas mujeres consultadas coinciden en que la posición acostada es la peor posición para el parto. 
Esta posición no permite a la mujer oxigenarse y oxigenar a su bebé de manera adecuada; por tal causa existe riesgo tanto para la madre como para su bebé. No permite la apertura máxima del canal vaginal y genera una cantidad de intervenciones innecesarias en el parto como el piquete y el uso de fórceps, entre otras. Estar acostada sobre la espalda y con las piernas hacia arriba crea una posición que va en contra de la gravedad; existe una pequeña curvatura en el canal vaginal que hace que su bebé y usted tengan que hacer un esfuerzo especial para salir “hacia arriba”. Al pujar, “empuja” a su bebé hacia fuera, pero al estar en esta posición lo hace hacia el perineo (la parte que está entre la vagina y el ano). Por eso la mayoría de partos en posición acostada requieren piquete, porque es prácticamente imposible que su bebé salga de esta manera. 
La posición ideal para el parto es la que la mujer elija; puede ser de cuclillas, de medio lado, sentada (existen sillas especiales), de pie sosteniéndose por algo o alguien, en cuatro patas. La comodidad debe ser para la mujer y su bebé, y no para el personal de salud que está allí con el propósito de apoyar y ayudar a la mujer a que tenga el parto en las mejores condiciones posibles. 
 
El piquete (episiotomía)
Esta es una de las intervenciones que merecen más criticas. Se ha demostrado de manera contundente su total ineficacia y peligrosidad para las mujeres. Acarrea un sinnúmero de riesgos, tales como excesiva pérdida de sangre, formación de hematomas e infecciones. No hay evidencia de que reduzca el riesgo de desgarres profundos (trauma perineal severo), mejore la recuperación perineal, prevenga el trauma fetal o reduzca el riesgo de incontinencia urinaria. El piquete no evita desgarres; más bien los facilita. Se ha puesto en evidencia que los desgarres profundos son casi exclusivamente extensiones de las episiotomías. La mayoría de los piquetes tienen un alto riesgo de infección; muchas mujeres sufren infecciones dolorosas y tienen lentos procesos de recuperación de los tejidos, de su bienestar y de su sexualidad. 
La posición acostada sobre la espalda durante el parto aumenta el uso de la episiotomía, probablemente porque el perineo está demasiado estirado. 
Existen técnicas para reducir el riesgo de desgarres que han sido convenientemente evaluadas. Se ha demostrado que son efectivas, como sucede el masaje prenatal del perineo, la lenta expulsión de la cabeza del o la bebé, sostener el perineo, extraer los hombros uno a la vez y, por último, no realizar episiotomías. 
 

Qué podemos hacer

A continuación se presentan algunas sugerencias importantes y cambios que son necesarios si se quiere comenzar a generar experiencias más satisfactorias, y a permitir que cada persona que participa en el proceso de parir y nacer desempeñe el papel que le corresponde. 
 
Amplia información y trato respetuoso 
para una mejor preparación para el parto
La atención prenatal debería incluir elementos para prevenir complicaciones y promover la salud óptima de la mujer embarazada, con información precisa y sugerencias prácticas acerca de la salud mental, la buena nutrición y el ejercicio. Estas medidas son mucho más eficaces que las rutinas actuales, como el ultrasonido y los tactos vaginales; estas prácticas no promueven la salud óptima e implican riesgos en el desarrollo del embarazo y la salud del feto, y refuerzan la dependencia y el miedo de las mujeres en un proceso que, desarrollado correctamente, puede llegar a ser altamente satisfactorio y reivindicador de su vida. 
 
Exigir la obstetricia basada en evidencia científica
Esto significa que la práctica médica se base en las recomendaciones sugeridas por estudios e investigaciones recientes que se han realizado en todo el mundo y demuestran los beneficios y riesgos de cada procedimiento. Además, es necesario evaluar el efecto de las actuales normas existentes en Costa Rica, es decir, cuáles son las consecuencias reales de usar el suero con pitocín o hacer la episiotomía a la mayoría de las mujeres. Hasta ahora nunca se han evaluado las normas del parto hospitalario en Costa Rica; no se ha actualizado ni modernizado su atención, y se sigue implementando prácticas que en otros países ya se consideran perjudiciales para las mujeres y sus bebés. 
El uso adecuado de la tecnología implica utilizarla en los casos específicos que así lo requieran, y no porque es “la última palabra” de la industria farmacológica o en la práctica médica. Se sabe que ha habido mucha inversión económica en equipos para la atención del parto pero que no son recomendables para todos los partos. Un claro ejemplo es el monitoreo electrónico; su utilización requiere que la mujer esté acostada e inmovilizada, y esto puede perjudicar la labor de parto, ya que al no tener libertad de movimiento, el nivel de oxigenación (tanto para la mujer como para su bebé) pueden verse disminuidos. 
Se debe limitar y restringir el uso de medicamentos y drogas desde el embarazo hasta el postparto. En una sociedad altamente medicalizada como la actual no es sorprendente que las mujeres tomemos alguna medicina en este proceso, esto si bien puede tener algunas ventajas para ciertas enfermedades o padecimientos específicos, no se debe utilizar sustancias química que puedan desbalancear el equilibrio hormonal que requiere la mujer y su bebé para que el proceso se desarrolle de la manera más armoniosa y natural posible. 
El uso de estimulantes para el parto es peligroso. Debemos denunciar casos en los que se utilizan drogas peligrosas para provocar el parto. Tal es el caso del cytotec, una pastilla para el tratamiento de úlceras gástricas que se ha utilizado para provocar abortos; es introducida a la mujer por la vagina para ablandar el cuello del útero y, de ese modo, provocar el parto. Esa droga puede ser mortal tanto para la mujer como para su bebé; sin embargo, se ha estado utilizando de manera ilegal en nuestros hospitales. 
 
Conocer y exigir el cumplimiento del 
Reglamento de Seguro Social de Salud
El artículo 76 de los derechos de la mujer durante el embarazo menciona, entre otros derechos: "Estar acompañada de una persona de su confianza durante el tiempo anterior al parto, durante la labor de parto y durante el período posterior al mismo." Los estudios realizados han demostrado muchos beneficios en el hecho de que la mujer sea acompañada por una persona elegida por ella misma como índices menores de complicaciones e intervenciones en el parto y menor incidencia de la depresión posparto y mayor satisfacción en general. 
 
Elección informada 
La elección informada es un principio de la bioética (rama de la filosofía que dicta la ética en la medicina y ciencias de la salud), fundamentado en valores tales como las siguientes: 
  • Las mujeres tienen derecho a información con base científica.
  • Las mujeres deben tomar sus propias decisiones acerca del embarazo y el parto.
Se obliga a los profesionales en salud a: 
  • Tomar cierto tiempo, en las citas prenatales, para hablar del parto y planearlo.
  • Hablar con anterioridad de los riesgos y beneficios de todo procedimiento y las alternativas existentes.
  • Informar con honestidad cuando no se ha probado la seguridad de un procedimiento médico.
  • Animar a las mujeres a tomar las decisiones según sus propias necesidades y valores. 
  • Apoyar y respetar en todo momento las decisiones de las mujeres.
  • Estar al día con las investigaciones en obstetricia y su práctica moderna.
Las mujeres siempre debemos decidir, con la información adecuada y a tiempo, en función de lo que ofrece y no ofrece nuestro sistema de salud, tanto público como privado. De esta manera podremos tomar decisiones acerca de la atención que queremos para nosotras mismas y nuestros bebés y exigir cambios cuando consideremos que queremos otras condiciones, puesto que todo sistema debe estar abierto a la transformación y a satisfacer las necesidades de las mujeres en ese momento trascendental. No podemos estar en malas condiciones y recibir maltrato en el momento en que traemos hijas e hijos a nuestra sociedad. 
 
Exigir atención en el embarazo y parto con base en el modelo humanístico
Costa Rica debe desarrollar un programa de atención de  parteras para todas las mujeres, como se está haciendo en países como Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelandia, entre muchos otros. Se ha probado que esos modelos de atención son menos costosos y logran menores índices de complicaciones en el parto y mayor salud y satisfacción en general. De hecho, la tendencia en el mundo para reducir las muertes maternas, los riesgos y las complicaciones del parto es promover la profesionalización de la partería. En ese sistema las parteras profesionales se encargan de las mujeres con embarazos y partos normales y el personal médico obstetra atiende solamente las complicaciones. Se basa en el principio de que el embarazo y el parto son procesos normales de la vida. El modelo de la partería incluye: 
  • Supervisar el bienestar físico, psicológico y social durante el ciclo del embarazo.
  • Proporcionar a las madres educación, consejería y atención prenatal individualizada, y asistencia en el parto y posparto.
  • Reducir las intervenciones tecnológicas.
  • Identificar a las mujeres que requieren atención médica y remitirlas a los servicios correspondientes.
Este tipo de atención brinda mayor satisfacción, porque se centra en las necesidades y deseos de la mujer; se han demostrado sus beneficios en cuanto a menores complicaciones, menor dolor y sufrimiento en el parto y nacimiento. 
 
Lugares especiales para el parto
Es evidente que los hospitales no cuentan con las condiciones necesarias para un parto humanizado, y ponen en riesgo tanto a las mujeres como a sus bebés,  debido a los peligros de infecciones y a las normas aplicadas indiscriminadamente. Existe actualmente un proyecto de "casas maternas" o maternidades para atender los partos. Debemos informarnos sobre su funcionamiento y exigir las condiciones que necesitamos: 
  • Atención integral desde el embarazo, parto y postparto, con un enfoque de esos procesos como ciclos vitales y no como enfermedades.
  • Ayuda para descubrir la capacidad de nuestros propios cuerpos para dar a luz, a su manera y a su tiempo.
  • Evitar riesgos asociados con muchas técnicas médicas y normas hospitalarias. Exigir que no se realicen tratamientos de rutina o se impongan fechas arbitrarias que pueden interferir en el proceso natural del embarazo y parto.
  • Atención, privacidad  y un parto natural individualizado.
  • Apoyo para hacer el trabajo del parto con técnicas naturales que permitan sobrellevar el dolor e incomodidad. Por ejemplo: masaje, relajamiento, uso de agua, cambiar posiciones y  lograr formas alternativas efectivas.


Por más información, solicitar folletos de la campaña y concertar entrevistas:  
Gabriela Cob (297 2575), Marie Tyndall (293 6613) o www.cosmovisiones.com/primal 
 
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