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La palabras importan

Donald Trump ntes de la toma del CapitolioOpinión, 7 de enero de 2021. Fernando Francia.Las palabras correctas en momentos correctos son esperanzadoras y generan movimientos conducentes a cambios positivos. Las palabras odiosas, resentidas y falsas, en momentos específicos pueden conducirnos a momentos de horror, enfrentamientos, persecuciones y caos. Las palabras importan.

En 1963 un activista por los derechos civiles dijo que tenía un sueño. Lo dijo al final de un discurso ante cientos de miles de personas y agregaba que ese sueño era un sueño de justicia e igualdad, de fraternidad entre blancos y negros, un sueño en que las barreras de la segregación racial sean superadas. Era Martin Luther King y sus palabras resonaron, son consideradas claves en el avance de los derechos civiles en Estados Unidos, aunque aún no se alcance la igualdad.

En los años treinta, en cambio, una creciente polarización y su consecuente utilización de la palabra como elemento disuasivo y persuasivo abrió paso a una de las épocas de terror y horror de la que la humanidad aún no se cura. La Alemania nazi nació de la necesidad de grandes sectores de población, germinó en el discurso incendiario y se cristalizó en delitos de lesa humanidad.

El dominio del eje en la Europa ocupada, describió cómo el lenguaje de odio desembocaba siempre en acciones. Lo que empezaba como identificación iba seguido de una señal, luego la separación, luego el exterminio. Siempre empieza con las palabras, era su conclusión, una forma de normalizar las distinciones basadas en la identidad.

Desde hace un tiempo, en todo el mundo, estamos asistiendo al auge del discurso del odio, las palabras de segregación, del "nosotros" contra el "ellos", de la división, de la noticia falsa y el envalentonamiento.

Tanto en el Brexit, en Inglaterra, como en la elección de Trump en 2016, así como en el plebiscito por el proceso de paz en Colombia de 2016, la propia elección costarricense en 2018 o argentina en 2019, entre tantas otras, se pudieron escuchar voces de odio, acusaciones falsas, entre otras técnicas que ponen a la palabra en el medio de la estrategia.

Los discursos del odio y basados en noticias falsas en boca de dirigentes políticos de alto calibre, como el Primer Ministro británico, Boris Johnson, el presidente estadounidense Donald Trump o el brasileño Jair Bolsonaro, generan un impacto más allá de un discurso. El poder aumenta la eficacia de las palabras.

Las palabras importan. Las palabras y expresiones que se repiten sin cesar, afirmaciones sin sustento, eufemismos, exageraciones y proclamaciones incendiarias se van sumando. Todo envuelto en ropaje xenofóbico, de supuestos valores, de fundamentalismos religiosos y falsedades, permite que lo imposible parezca cierto.

Esas palabras van creando nuevas realidades en los oyentes, en los seguidores, sobre todo cuando las dice quien dirige una nación, por ejemplo. Esa nueva realidad se convierte en un hecho en la mente de los seguidores y echa raíz. Las palabras se transforman en dardos envenenados que llegan a destino.

Este 6 de enero en Estados Unidos las palabras "fraude", "asalto atroz a la democracia", "malas personas", "recuperar nuestro país" y "caminar hasta el Capitolio", fueron palabras utilizadas por Donald Trump en su discurso minutos antes de los incidentes.

Las palabras que no se dicen también forman parte del discurso. Trump no ha felicitado al ganador electoral e insiste en afirmar que le han robado la elección.

El discurso incendiario, sin responsabilidad, sin apego a los hechos, sin base científica es casi marca registrada de Trump y sus seguidores. Tanto así, que son esas palabras, las del propio 6 de enero y las que ha lanzado, o no dicho, desde que perdió el 3 de noviembre, las que generaron los episodios de violencia y atentado a la democracia estadounidense y que aún no sabemos si continuarán. 

 

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