Contar las historias

Contar esas historiasOpinión, 13 de agosto de 2020. Fernando Francia. Cosmovisiones ha desarrollado un curso para quienes quieran aprender técnicas y herramientas narrativas que nos brinda el cine, la literatura, el periodismo y hasta la publicidad. Las historias personales y familiares tienen un valor más allá del de la propia familia. Terminan por contarnos quiénes somos como sociedad y terminan por construir identidad. ¿Dónde están esas historias?

“Yo tenía 15 años, y desde que la conocí supe que ella era mi única opción, no había nada más, solo ella: Kilia. 

El tiempo no pasa por Kilia, por su pelo lacio perfecto, un cabello negro brillante que ha usado de tantas maneras. El mismo cabello perfecto que llenaba de laca todas las mañanas para peinarlo, y sus nietas tocaban y despeinaban incansablemente, hasta que no quedara una gota de laca.

Sus ojos ciertos y encendidos, ojos que han visto tanto pero nunca perdieron la capacidad de asombro, esos ojos que vieron en mí todo lo que nadie nunca vio. Aún creo que existo como quiero ser, solo en los ojos de Kilia. Sus piernas fuertes y seguras, aún ahora, llegando a las nueve décadas de caminar en este mundo, son tan fuertes como el primer día, tan fuertes como cuando íbamos juntos de lado a lado del país en bicicleta.

Aún ahora, que me voy quedando sin tiempo, dejar de verla es el mejor motivo para no irme.”

Este es un extracto de un libro que presenta la vida de un hombre, hoy de 87 años, que vivió épocas muy interesantes de la historia costarricense. Su vida es narrada por medio de historias cortas, en primera persona, desde el recuerdo de una de sus nietas.

Este libro es parte de una propuesta que hemos venido trabajando desde hace tiempo en Cosmovisiones, una deuda que me tenía a mí mismo, de concretar un concepto que considero tiene un gran valor: la apropiación de la historia y del arte de contar historias personales, familiares, de la comunidad.

Desde noviembre del año pasado en el mundo, y desde marzo en Costa Rica estamos viviendo un reto muy particular, no se trata solo de nuestra salud física, sino de la reestructuración de nuestras vidas, de nuestras relaciones; desde este confinamiento, que parece que vino para quedarse. Es en estos momentos, cuando vemos hacia el futuro con angustia y a veces hasta desesperanza, que resurge la importancia del pasado. Tenemos que saber de dónde vinimos para saber hacia dónde queremos ir.

Pero me refiero a la historia de la gente de a pie, no de los grandes eventos nacionales y mundiales o grandes personajes reales o ficticios. Es la historia, como nacieron las historias, desde las vivencias de cada quien, porque es en esa suma de vivencias individuales, que terminan por ser colectivas y donde se construye la identidad. Nuestra identidad, tanto individual, como familiar e incluso la social y la cultural, nacional o regional.

El otro reto que nos presenta esta pandemia es un acercamiento, o tal vez, el recordatorio, a un elemento que solemos pasar por alto: la mortalidad. Nuestro paso por acá es tan solo un momento y realmente se pasa en un momento. Seguro por eso es que hay una parte nuestra que no puede evitar ese deseo de permanencia, de tener una huella, una huella en la historia o al menos en la memoria de pocos o de muchos.

Creo que por eso decidimos dar este paso ya, ahora, porque al final de cuentas sé que yo también soy tan solo temporal, y creo que cuando a uno le apasiona algo desde la raíz se debe a sí mismo llevarlo a cabo.

Y a mí me apasionan los libros, crecí entre imprentas y editores, durante varias décadas me he dedicado a eso, y luego a la comunicación en general. Y creo en la apropiación de las herramientas de la comunicación para la gente, para quienes nos escuchan. El arte de la escritura tiene un empoderamiento muy particular, todos leemos, todos escribimos, pues bien, algunas técnicas y herramientas para contar historias pueden ayudar en eso, en escribir mejor. En el curso desarrollamos una metodología que ayudará a romper ese temor al primer paso, a la hoja en blanco, o a terminar la historia que iniciaste alguna vez. Esas herramientas para saber contar una historia, para que escribir sea un proceso sabroso, disfrutado, así como también el resultado, y que haya quien quiera leerlo. Que sean historias que disfrutemos leer y con las que nos podamos relacionar. Y que queden ahí, plasmadas.

Por eso es que el fragmento que les leía al inicio, que fue parte de esta nueva propuesta de storytelling, en su dedicatoria dice: “Para los demás. Para los que vengan después y no te puedan llegar a conocer; que puedan ver un retazo de vos”. De esa manera una nieta plasmó para siempre la vida de su abuelo. Tal vez acabe por no compartirse con el mundo, pero la compartirá con su familia y la ha compartido ya con ese abuelo, ahora que ella decidió recordar por los dos.

La propuesta, en definitiva es esa, que la gente que quiera dar un paso para comenzar a escribir su historia personal o familiar se anime, aprenda esas técnicas y herramientas que le ayudarán y logre, además, plasmarlo en una publicación diseñada profesionalmente. El camino de la escritura debe ser tan gratificante como el resultado.

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